Las enfermedades inflamatorias crónicas suelen provocar desgaste y debilidad muscular. Es especialmente claro en condiciones como la artritis reumatoide o la sarcopenia (pérdida de masa muscular asociada a la edad). Un estudio reciente realizado en músculos artificiales cultivados sugiere que, en una situación de ejercicio, el músculo humano tiene una capacidad innata para luchar contra la inflamación crónica.
El contexto: qué es la inflamación crónica
La inflamación no es buena ni mala en sí misma. Es una reacción innata del organismo ante un traumatismo o una agresión infecciosa: su objetivo es eliminar al agente y reconstruir el tejido dañado.
El problema aparece cuando el sistema inmunitario reacciona en exceso (como en las “tormentas de citoquinas” que se han descrito en algunos casos graves de COVID-19) o cuando la respuesta inflamatoria se mantiene en el tiempo. Es la inflamación crónica de bajo grado — la que aparece en condiciones como la artritis reumatoide, ciertas enfermedades autoinmunes y procesos asociados a la edad.
Entre las moléculas implicadas en este proceso, el interferón-gamma es una de las más estudiadas como marcador proinflamatorio relacionado con desgaste y disfunción muscular.
El estudio de Duke (Science Advances, 2021)
Publicado en enero de 2021 en la revista Science Advances, un equipo de la Universidad de Duke (Estados Unidos) consiguió algo poco habitual: cultivar músculo esquelético humano funcional y con capacidad de contracción en una placa de Petri.
Sobre estos músculos artificiales, los investigadores aplicaron:
- Una dosis alta de interferón-gamma durante 7 días — para simular el efecto de una inflamación crónica mantenida.
- El mismo interferón-gamma, pero ahora con un régimen de ejercicio simulado — estimulando el músculo mediante electrodos.
El resultado
Cuando el músculo recibió sólo interferón-gamma, ocurrió lo esperado: se redujo de tamaño y perdió fuerza.
Cuando recibió interferón-gamma + ejercicio simulado, los investigadores no sólo observaron crecimiento muscular (como en estudios previos), sino algo más llamativo: el ejercicio evitó casi por completo los efectos de la inflamación crónica.
Profundizando en el mecanismo, demostraron que el ejercicio inhibía una vía molecular específica dentro de las células musculares. Y, curiosamente, dos fármacos utilizados habitualmente para tratar la artritis reumatoide — el tofacitinib y el baricitinib — bloquean exactamente esa misma vía, con un efecto antiinflamatorio comparable.
“Estos resultados demuestran lo valioso que puede ser el músculo humano cultivado en laboratorio para descubrir nuevos mecanismos de enfermedad y posibles tratamientos. Existe la hipótesis de que niveles y regímenes óptimos de ejercicio podrían combatir la inflamación crónica sin sobrecargar las células. Tal vez, con nuestros músculos técnicos, podamos acabar apoyando esa hipótesis.”
— Nenad Bursac, profesor de ingeniería biomédica, Duke University.
Por qué importa en consulta
Este estudio aporta evidencia mecanística — a nivel celular — de algo que se observa en clínica desde hace décadas: el movimiento regular es uno de los pilares del estilo de vida que apoya un buen funcionamiento del sistema musculoesquelético y nervioso.
En la práctica quiropráctica, el ajuste vertebral trabaja sobre la función mecánica de la columna y la interferencia local sobre el sistema nervioso. El ejercicio, complementario, actúa sobre el tejido muscular y el sistema metabólico que rodea esa columna. Son dos palancas distintas que se refuerzan.
En Tantae, después del ajuste, Dimitri suele recomendar pautas concretas de movimiento (no programas de fisioterapia genéricos sino indicaciones específicas en función de cada caso) para que el cuidado quiropráctico tenga un terreno favorable donde asentarse.
En España
La quiropráctica es legal en España aunque no está oficialmente regulada como profesión sanitaria. Dimitri de Borodaewsky es miembro de la AEQ (Asociación Española de Quiropráctica) con el número 1373 y se graduó en el Madrid College of Chiropractic (MCC) en 2015.
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Referencia: Nenad Bursac et al., Science Advances, enero 2021. Universidad de Duke.